Cuenta la leyenda que la diosa Luna se
paseaba un día a la hora del crepúsculo por una intrincada selva, acompañada de
una nube. Ambas habían adoptado, para descender a la Tierra, la forma de
hermosas doncellas. De pronto fueron
sorprendidas por un enorme yaguareté, que abriendo sus fauces hambrientas
avanza hacia ellas. Afortunadamente, un aborigen guaraní que cazaba por los alrededores
vio a la bestia y sin perder su serenidad se abalanzó cuchillo en mano hacia
ella en el preciso instante en que se agazapaba para saltar sobre las
indefensas mujeres; éstas tuvieron así tiempo de recobrar sus respectivas
formas de Luna y de nube y se pusieron a salvo en la inaccesible bóveda
celeste.
Entretanto proseguía la
dramática lucha, en la que el aborigen arriesgaba su vida. En el momento culminante,
el yaguareté se arrojó de un salto sobre su enemigo. Pero el aborigen, rápido
como el pensamiento, se agazapó esquivando así el golpe, y en el momento en el
que el tigre pasaba le clavó el cuchillo
en el corazón.
La bestia cayó fulminada,
dando un rugido atronador que resonó en los ámbitos de la selva. El indio
triunfador buscó a las doncellas salvadas y se sorprendió al no encontrarlas.
La noche lo sorprendió sin
poder salir del bosque; para ponerse a salvo de las feroces bestias se trepó a
un árbol para dormir. En sueños se le apareció la diosa Luna que le agradeció
su acción y le dijo que: como recuerdo de aquella hazaña nacería una planta
hermosa y útil en el mismo lugar donde él había luchado con el yaguareté. Al
despertar, vio que en efecto, había allí una alta y hermosa planta: Caa, la
yerba, la bebida que reconforta y alimenta. Caá la llaman los aborígenes
guaraníes, Ilex paraguayencis, los botánicos; yerba mate o , simplemente yerba
el pueblo.
Hace cuatrocientos años
que los conquistadores a adoptaron del pueblo guaraní. Desde entonces se
recogen los tallos tiernos y las hojas de esta planta, y después de hacerlos
secar se bebe en infusión -el mate cocido-o bien como mate , el cual es la
bebida argentina tradicional.
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